Mad About Catalunya: El Brull, íberos en el Montseny

El mismo domingo de enero que hicimos la cata de cerveza artesana en el Montseny aprovechamos para explorar una parte del parque natural que no conocía. Había oído hablar muy bien del pueblo de El Brull y cuando me enteré de que a sus afueras estaba uno de los poblados ausetanos más importantes de Cataluña no pude reprimirme.

Queríamos aprovechar el día y decidimos acercarnos primero al poblado íbero del Turó de Montgròs. Era una mañana soleada de enero y las primeras nieves habían teñido de blanco algunas zonas de El Montseny. Acceder es bastante fácil, sólo hay que seguir la carretera que sale de El Brull en dirección al pueblo de Montseny. Hay señales indicando la ruta hasta que, llegados a un punto, a mano derecha hay una pequeña pista que desciende. Parece que el coche no pasa por allí… pero sí! Un poco más adelante aparcamos y nos sumergimos en el entorno natural, siguiendo el camino hasta el yacimiento. Hay que andar un rato hasta llegar, pero el camino no tiene complicación y permite disfrutar del paisaje.

Bosque en El Montseny

Bosque en la zona de El Brull, en el parque natural de El Montseny

La Costa del Montseny

La Costa del Montseny

Nieve en el Montseny

Nieve en el Montseny

Arbusto en el Montseny

Arbusto en el Montseny

Lamentablemente, el yacimiento sólo está abierto los domingos hasta las 14h y, cuando llegamos, ya no se podía acceder a esta importante fortificación que controlaba la zona de coll Formic y el acceso desde la costa a la plana interior. Los orígenes del fortín íbero del Turó del Montgròs se remontan a la edad del bronce, aunque no fue hasta el año 300 aC cuando se levantó la imponente muralla que lo rodea y que se ve perfectamente desde el exterior, con sus 145 metros de longitud y 5 de grueso. Un poco más tarde se reforzó la fortificación con una torre central y otras defensas periféricas.

Junto con el yacimiento de l’Esquerda de Roda de Ter y el Casol de Puigcastellet en Folgueroles, es uno de los tres poblados ausetanos mejor conservados de la Cataluña central. Todas las teorías apuntan a que fue la sede de una guarnición militar permanente y lugar de refugio de la población local en caso de peligro. El lugar fue incendiado y destruido hacia el 205 aC, en plena Segunda Guerra Púnica. Después de siglos de abandono, hay evidencias de que se volvió a habitar o a utilizar de alguna manera del siglo X al XIV.

Nos quedamos con las ganas de explorarlo con calma, así que la próxima vez nos informaremos mejor de los horarios ;)

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

La zona, sin embargo, tiene suficientes atractivos como para encontrar alternativas. Así que volvimos a El Brull. Con apenas 200 habitantes y sin un núcleo definido, en su centro se alza la iglesia de Sant Martí del Brull, que es una maravilla del siglo XI reformada durante el Barroco. Vale la pena entrar y disfrutar del silencio. A su alrededor, junto a la antigua rectoría, unos gatos gordísimos retozaban al sol…

Mientras, al otro lado de la carretera se alza el único resto del castillo del Brull. Del siglo X y con una planta pentagonal, hoy en día sólo se conserva una cara de un muro y restos de una torre. Las vistas desde el promontorio son muy interesantes y justo al lado hay un famoso restaurante que no os deberíais perder si queréis recuperar fuerzas.

Iglesia de Sant Martí del Brull

Iglesia de Sant Martí del Brull

Restos de la torre del castillo de El Brull

Restos de la torre del castillo de El Brull

En las cercanías hay otros lugares interesantes, además de varias rutas senderistas, como la iglesia románica de Sant Jaume de Viladrover o la de Sant Cristófol de la Castanya. Ideal para pasar un día descubriendo la naturaleza y la historia del Montseny.