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¿Dónde he estado en 2012?

En pocas horas se acaba este año. El funesto 2012 en el que el mundo tenía que acabarse llega a su fin y aunque no soy muy dada a mirar atrás, me ha parecido apropiado hacer memoria y recordar los lugares en los que he estado, lo que he visto y lo que he vivido.

No ha sido un año de grandes viajes, pero sí de muchas escapadas, de rutas senderistas y de una vuelta a las raíces. Y me hace muy feliz acordarme de todos los buenos momentos vividos en la carretera, en aviones, en la montaña o en el extranjero. Así que allá vamos.

Enero

Huesca

Empecé el año con una escapada a la comarca de la Litera, en Huesca. Fue una oferta de última hora y todo un descubrimiento. Un fin de semana descubriendo el castillo de Monzón, catando quesos y vinos y explorando los preciosos pueblos de Fonz y Azanuy fue la manera perfecta de empezar el año viajero. La combinación perfecta de relax, historia, gastronomía y naturaleza. ¿Qué más se puede pedir?

Castillo de Monzón

Castillo de Monzón

Carcassonne

Una semana después de volver de Huesca, me fui con mis amigas defin de semana de chicas a Carcassonne. Además de explorar la ciudad (pasando mucho frío) y su impresionante ciudadela medieval, catamos en un chateau unos de los vinos más ricos que he probadoy descubrimos los encantos de la preciosa Lagrasse.

Ciudadela de Carcassonne

Ciudadela de Carcassonne

Abril: Núria y Queralbs

En plena Semana Santa fui con unos amigos a un apartamento en Queralbs, en los Pirineos catalanes. Además de hacer varias rutas a pie que tengo pendiente contaros, disfrutamos del Valle de Núria completamente nevado y con el lago helado… Quería volver al pueblo a pie, pero hacía tanto frío que tuve que desistir. Así que ya tengo excusa para volver :)

Valle de Núria nevado

Valle de Núria nevado

Mayo: Berlín

Gracias a un concurso gané un vuelo a donde quisiera… y acabé pasando un fin de semana fabuloso (aunque algo frío para ser mayo) en Berlín. Dos días para explorar el pasado de la capital alemana y para descubrir su cara más alternativa.  Eso sí, me di cuenta de que Berlín tiene tanto por ver y por ofrecer que sólo dos días no son suficientes. Tocará volver, y pronto.

Control de pasaportes en el muro de Berlín

Control de pasaportes en el muro de Berlín

Junio: Ibiza

Por motivos profesionales, a principios del verano tuve que ir varias veces a Ibiza. Aunque normalmente no tenía tiempo para hacer turismo, me dio tiempo a callejear por las calles empedradas y medievales de Dalt Vila y a soñar en la zona de las Salinas… Suficiente como para darme cuenta de que la Ibiza fiestera no es lo mío, pero sus playas y pueblos sí.

Callejuelas en Dalt Vila, Ibiza

Callejuelas en Dalt Vila, Ibiza

Julio: Viena

Después de varios años visitando Viena en Navidad para disfrutar de sus mercados de Navidad, este año fui por primera vez en verano. Aunque esperaba buen tiempo y poder bañarme en el Danubio, coincidí con una ola de frío. En lugar de frustrarme, aproveché para descubrir la Viena que sale en la película “Antes del Amanecer”, una de mis preferidas, para pasear por Naschmarkt, tomar muchos cafés y disfrutar de la ciudad como si viviera allí. El reto de bañarme sigue en pie… y no soy de las que se dan por vencidas, así que volveré.

Noria del Prater, Viena

Noria del Prater, Viena

Agosto

Cadiz

Por temas presupuestarios y sentimentales, este verano volví a la tierra de mi madre y de mis vacaciones cuando era pequeña. Además de visitar a la familia, que vive en la bahía de Algeciras, mi hermana y yo aprovechamos para visitar los pueblos blancos, redescubrir la tacita de plata, tapear en Tarifa, decepcionarnos con Tánger y bañarnos en algunas de las mejores playas que tiene el país (y el mundo). Fue una gran experiencia y no descarto repetirla más a menudo, porque me dejé muchos pueblos y playas en el tintero.

Playa en Barbate

Playa en Barbate

Roma

El último fin de semana de agosto (y primero de septiembre) pude cumplir uno de mis sueños: visitar Roma. Me acompañó Isabella, mi amiga de Viena y aunque sólo estuvimos 48 horas tuvimos tiempo de ver lo esencial y quedarnos con ganas de volver. Después de pisar el Coliseo y empaparnos de historia y arte el primer día, el segundo lo dedicamos al Vaticano. Fue el viaje del timo del helado y de la comida deliciosa

Río Tíber, Roma

Río Tíber, Roma

Huesca: Loarre, el Reino de los Mallos y San Juan de la Peña

A la semana de volver a Roma, aproveché una oferta de hotel en Loarre para ver su castillo, que hacía años que me llamaba la atención. Y, ya de paso, exploré la zona. El “Reino de los Mallos” es precioso, el turquesa del río Gállego una maravilla y el románico de San Juan de la Peña uno de los más espectaculares que he visto. La zona de la Hoya de Huesca tiene muchísimo por ver y el turismo rural es ideal para eso.

Castillo de Loarre, Huesca

Castillo de Loarre, Huesca

Octubre: Blogtrip a Albacete

Aunque tengo amigos en Albacete, nunca antes había estado. La oportunidad llegó de la mano de mi primer blogtrip, la #ABexperience. Con una compañía inmejorable, pudimos descubrir lo mucho que tiene por ofrecer una de las provincias menos explotadas turísticamente de España. Albacete vale la pena, y no sólo por sus ricas tapas o por el Museo de la Cuchillería, sino por una naturaleza privilegiada y escenarios de película a los que quiero volver para disfrutarlos con más calma.

#ABExperience en Ayna, la Suiza Manchega

#ABExperience en Ayna, la Suiza Manchega

Noviembre: Escocia

Aprovechando que una de mis mejores amigas organizaba un Ceilidh por su cumpleaños, me tomé 4 días para volver a mi lugar preferido en el mundo. Días de reencuentros con mis ex compañeras de piso, de mercados de Navidad, de excursiones, de rutas por valles poco conocidos, de visitar nuevos castillos y de fotografiar puentes y templos góticos, de probar nuevas comidas… Pero, sobre todo, días muy felices en los que mis amigas me recordaron que da igual que no nos veamos cada día porque sabemos que nos tenemos. En 2013 volveré, como cada año ;)

Castillo Campbell, Escocia

Castillo Campbell, Escocia

Diciembre: Viena

Dos veces en un año… pero no podía faltar a mi cita navideña con Viena. Esta vez nos centramos en curiosear los mercados de Navidad que hay en cada rincón con más calma, en saborear los cafés con más calma, recrearnos con las obras de Klimt… y en explorar por primera vez Viena bajo el manto de nieve que cubría todas las calles. Creo que no he pasado más frío en la vida, pero fue precioso!

Palacio del Belvedere bajo la nieve

Palacio del Belvedere bajo la nieve

Además, 2012 ha sido un año de muchas rutas de senderismo (una al mes, como mínimo), de descubrir rincones que tenía al lado de casa y que apenas conocía… He visitado varias zonas de Osona (el Santuario de Cabrera, el poblado íbero de Roda de Ter, el santuario de Sant Feliu, el Mercado Medieval de Vic…), seguido los pasos de Gaudí en la colonia Güell, probado los mejores bocadillos de Barcelona en Sagàs, descubierto el patrimonio natural y cultural de la Serralada Litoral, probado las nuevas camas de los hoteles Ibis y mucho más. Y quizás ese sea el mayor descubrimiento: aprender a disfrutar de aquellos lugares que están cerca y que no deberíamos pasar por alto. Porque para viajar no hace falta cruzar el planeta, sino disfrutar de cada nueva experiencia.

Santuari de Cabrera, Osona

Santuari de Cabrera, Osona

¿Qué le pido al 2013?

Pues además de salud para todos, estabilidad laboral para poder seguir cumpliendo sueños viajeros… Puestos a desear:

  • Aprender a manejar un trineo tirado por huskys (el lugar me da igual)
  • Una escapada a Bélgica o Amsterdam con mis amigas
  • Volver a Praga a ver a uno de mis mejores amigos.
  • Brasil o Argentina en verano
  • Volver a Londres
  • Visitar de una vez por todas a mis amigas que viven en varios lugares de Alemania (Freiburg, Frankfurt, Munich)
  • Ir a ver a mis amigos del País Vasco, Cantabria y Asturias (sería ideal una ruta en coche)
  • Australia y Nueva Zelanda, please… Si no este año, ¡de 2014 no pasa!
  • Volar a Copenhague con Isabella, mi amiga de Viena
  • Relajarme varios días en Formentera
  • Descubrir el sureste asiático y, en concreto, Camboya y Vietnam.
  • y mucho más… aunque todo se andará, porque me da que tendré que improvisar mucho ;)

Y vosotros, ¿qué le pedís al año que viene?

Dónde comer en Roma: los mejores restaurantes y trattorias

Si por algo es conocida Italia (además de por sus monumentos) es por la gastronomía. Creo que no es arriesgado afirmar que en Italia se come bien en cualquier lugar (y no, no hablo sólo de la pasta)… Durante mi fin de semana en Roma a finales de diciembre pude comprobarlo una vez más por mi misma. ¡Mamma mia! ¡Buonissimo!

Desayunamos en el hotel cada día, pero toda la ciudad está llena de cafés que huelen que alimentan, con unas pastas en los mostradores para relamerse…

Aquí van los lugares que probé y que me gustaron.

¿Dónde comer en Roma?

La capital italiana está llena de trattorias, osterias, ristorantes y bares, pero como que teníamos poco tiempo, optamos por la versión romana del fast food. Por supuesto, estaba mucho más buena y era más saludable... y a tu alcance en casi cualquier momento!

Quiosco de comida cerca del Coliseo, Roma

Quiosco de comida cerca del Coliseo, Roma

  • Puestos de comida ambulantes en Roma: Tienen mucha variedad de comida para llevar (y te la calientan al momento): panini, foccacia, pizza… y todas las bebidas y tentempiés que te puedas imaginar. Había leído que eran caros, pero no nos lo pareció. Después de visitar el Coliseo, el Foro i el Palatino, compramos un par de panini y nos los comimos tan tranquilas sentadas en el césped del Circo Máximo, disfrutando de las vistas y del buen tiempo. Ideal si tienes poco tiempo y no te apetece dedicarle más de una hora a la comida.
Quiosco de comida cerca de los Foros Imperiales, Roma

Quiosco de comida cerca de los Foros Imperiales, Roma

Aún así, las trattorias que probamos por la noche también abren al mediodía y son una opción recomendable si os queréis recrear algo más.

Y ahora vamos a lo bueno… Nos habían recomendado muchísimo el barrio del Trastevere para cenar. Y después de la primera noche, nos enamoramos del ambiente de la zona. Así que repetimos. Estos son los dos lugares que probamos. Nadie nos los había recomendado, los encontramos dando vueltas, dejándonos llevar y guiándonos por los lugares llenos de italianos (y con poca presencia guiri). Normalmente esto no falla. Donde comen los locales es donde mejor se come.

  • Sette Oche in Altalena fue un gran descubrimiento por pura casualidad (y, si no, mirad estupendas críticas en Tripadvisor). Ristorante pizzeria, tiene una terracita en una calle poco transitada preciosa… Y lo mejor es la comida: hornean a mano su propio pan y pasta con productos de primera calidad, y eso se nota. Es cocina italiana de la de toda la vida, de la de la “nonna”, y está deliciosa. Repetiríamos ahora mismo. Empezamos con un par de raciones de bruschetta. La mía era de olivada casera… mmmm…
Bruschetta de Olivada en el ristorante Sette Oche in Altalena, Roma

Bruschetta de Olivada en el ristorante Sette Oche in Altalena, Roma

Y luego no me pude resistir a uno de mis platos preferidos: pennette all’arrabbiata, picantes y deliciosos.

Pennette all'arrabbiata en el restaurante Sette Oche in Altalena, Roma

Pennette all’arrabbiata en el restaurante Sette Oche in Altalena, Roma

Regados con una botella de vino de la casa, la cuenta no llegó a los 20 euros por persona.

Trattoria Il Ponentino, Roma

Trattoria Il Ponentino, Roma

  • La Trattoria Il Ponentino también surgió por azar. Situada en la piazza del Drago del Trastevere, es el típico lugar de postal. La terraza es ideal y nos costó algo encontrar mesa, pero lo conseguimos! La comida es casera y sencilla, precisamente lo que buscábamos, y la relación calidad precio es excelente. En esta ocasión no me pude resistir a sus gnocchi alla bolognesa, que estaban justo como a mi me gustan. 
Gnocchi alla bolognesa en la Trattoria Il Ponentino, Roma

Gnocchi alla bolognesa en la Trattoria Il Ponentino, Roma

Mientras que Isabella, mi compañera de escapada, disfrutó de una lasagna de carne riquísima.

Lasagna de carne en la Trattoria Il Ponentino, Roma

Lasagna de carne en la Trattoria Il Ponentino, Roma

Otra opción muy interesante en verano son los bares y restaurantes que se instalan a la orilla del río Tíber. La zona, pegada a la Isola Tiberina, se convierte en una zona de ocio al aire libre muy popular, con sesiones de cine, conciertos, tiendas y muchos lugares donde comer.

Orilla del río Tíber iluminada por la noche

Orilla del río Tíber iluminada por la noche

Concierto a la orilla del río Tíber, Roma

Concierto a la orilla del río Tíber, Roma

Dulces i gelattos…

En cualquier pastelería, panadería o heladería italiana es fácil caer en la tentación… y más con pastas y cannoli como estos.

Tartaletas en una pastelería de Roma

Tartaletas en una pastelería de Roma

Cannoli en Roma

Cannoli en Roma

Y una última advertencia… ¡cuidado con los carísimos gelattos de las zonas turísticas! Curiosamente, los precios nunca están a la vista y a nosotras nos sablaron 12 euros (12!!!!!!) por un helado que en cualquier otro lugar no hubiera superado los 5 o 6. El “robo” fue perpetrado en la Gelateria Antica Roma, cerca de la Piazza Espagna.

Helados en la gelateria Antica Roma

Helados en la gelateria Antica Roma

Gelatto a precio de oro de la heladería Antica Roma

Gelatto a precio de oro de la heladería Antica Roma

Y vosotros, ¿os animáis a compartir vuestras experiencias gastronómicas en Roma?

Qué ver en un fin de semana en Roma (día 3)

El domingo era nuestro último día en Roma. Bien, nuestra última mañana en Roma. El vuelo salía a las 4 de la tarde del aerorpuerto de Fiumicino, así que nos organizamos para aprovechar al máximo nuestras últimas horas en la ciudad eterna.

Ciudad del Vaticano

Nos levantamos a primera hora, desayunamos, dejamos las maletas en la recepción del hotel y tomamos el metro hacia Ciudad del Vaticano. Aunque Roma tiene únicamente 2 líneas de metro, funcionan bastante bien y son prácticas. Bajamos en la parada de Ottaviano y echamos a andar en dirección a la Plaza de San Pedro.

Doble columnata en la plaza de San Pedro del Vaticano

Doble columnata en la plaza de San Pedro del Vaticano

Quizás porque era pronto, pero no había casi nadie y se respiraba paz. Ciudad del Vaticano es señorial y tranquila. Accedimos a la plaza por uno de sus laterales, a través de las dobles columnatas que la rodean a lado y lado. No había prácticamente cola y como ya habíamos descartado entrar en los Museos Vaticanos (no nos apetecía verlos con prisa porque no los hubieramos disfrutado, así que me los dejo para otra ocasión), nos entretuvimos admirando una de las plazas más famosas del mundo.

Exterior de la Basílica de San Pedro del Vaticano

Exterior de la Basílica de San Pedro del Vaticano

Diseñada al milímetro a lo largo de los años, es verdaderamente espectacular. Con la Basílica al fondo, tiene pequeños detalles que sorprenden como, por ejemplo, unas placas con los nombres y direcciones de los vientos en el suelo, y otras con los signos del zodiaco.

Símbolo de Capricornio en la plaza de San Pedro del Vaticano

Símbolo de Capricornio en la plaza de San Pedro del Vaticano

La entrada a Basílica de San Pedro del Vaticano es gratis, así que entramos. Antes, en la cola, descubrimos que (por lo visto) las monjas tienen preferencia (o eso o mucho morro) porque se la saltaron toda en un santiamén (y sin esconderse). Lo que te encuentras allí es sobrecogedor. No tenía suficientes ojos para capturar tanta belleza… Fue cruzar las puertas y allí estaba aquella explosión del mejor arte que ha dado Italia en siglos: Bernini, Miguel Ángel…

Y hablando de Miguel Ángel, en un lateral a la derecha estaba una de sus obras maestras. Detrás de un cristal antibalas después del atentado de 1972, allí estaba la delicada PiedadEl mármol esculpido al detalle, las texturas, los pliegues, el gesto sereno de María…

La Piedad de Miguel Ángel en San Pedro del Vaticano

La Piedad de Miguel Ángel en San Pedro del Vaticano

El lugar está tan lleno de detalles que es imposible estar poco rato. Además de su espectacular cúpula central (a la que no subimos por falta de tiempo y exceso de cola, a pesar de que es de pago), incluso las pequeñas están decoradas con profusión.

Cúpula secundaria en San Pedro del Vaticano

Cúpula secundaria en San Pedro del Vaticano

Y allí en medio se alza el famoso Baldaquino de Berninitoda una obra maestra del Barroco que recuerdo a la perfección de mis clases de Historia del Arte… Me fascinan sus columnas que se retuercen y ascienden. Y me sorprendió su tamaño, mucho más grande de lo que esperaba.

Baldaquino de Bernini en San Pedro del Vaticano

Baldaquino de Bernini en San Pedro del Vaticano

A la salida de la basílica pudimos ver el cambio de la Guardia Suiza Pontificia. Una experiencia curiosa… porque por mucho que me digan que su uniforme lo diseñó Miguel Ángel, a mi me siguen pareciendo un cruce entre disfraz de payaso y pijama ;)

Cambio de la guardia en Ciudad del Vaticano

Cambio de la guardia en Ciudad del Vaticano

A sabiendas de que eran nuestra últimas horas en Roma y de que el tiempo corría, echamos a andar por la Vía della Conziliazione hasta el río Tíber. Y una vez allí optamos por entrar en el Castel Sant’Angelo.

Roma y el río Tíber vistos desde el puente de Sant'Angelo

Roma y el río Tíber vistos desde el puente de Sant’Angelo

Castel Sant’Angelo

El Castillo de Sant’Angelo está comunicado desde hace más de 800 años con la Basílica de San Pedro a través de un túnel estrecho y elevado que los Papas usaban para escapar en caso de peligro: Il PassettoIniciado en el año 135 como el mausoleo del emperador Adriano, más tarde se convirtió en fortaleza y residencia de Papas.

Pero antes de entrar, justo enfrente está el precioso Puente de Sant’Angelo.

El Castillo de Sant'Angelo visto desde el puente Sant'Angelo

El Castillo de Sant’Angelo visto desde el puente Sant’Angelo

Flanqueado por las estatuas de 10 ángeles es una de las vistas más fotografiadas de la ciudad, y seguramente una de las más bonitas.

Ángel en el Puente de Sant'Angelo, Roma

Ángel en el Puente de Sant’Angelo, Roma

La entrada cuesta 8.50€ y vale la pena (además, si compráis la Roma Pass está incluida). Esta imponente mole conserva en sus niveles inferiores la estructura del mausoleo romano sobre el que luego los papas levantaron su residencia. Las rampas de acceso son una obra de ingeniería impresionante para la época.

Rampa de acceso al interior del Castillo de Sant'Angelo

Rampa de acceso al interior del Castillo de Sant’Angelo

En los niveles superiores, además de las cárceles, hay estancias de uso militar que luego dan paso a las habitaciones papales, ricamente decoradas. Todo allí es circular: la ruta, la disposición de las habitaciones, las murallas… Es muy fácil ver dónde termina la construcción de Adriano y dónde empiezan los añadidos medievales.

Interior del Castillo de Sant'Angelo, Roma

Interior del Castillo de Sant’Angelo, Roma

Desde la terraza superior es muy fácil disfrutar de unas vistas privilegiadas de Roma, por si fuera poco todo lo que se deja atrás…

Vistas de Ciudad del Vaticano desde el Castillo de Sant'Angelo

Vistas de Ciudad del Vaticano desde el Castillo de Sant’Angelo

El Castillo de Sant’Angelo fue otro de los momentos álgidos del fin de semana. Aúna posiblemente como ningún otro lugar la herencia del pasado de la Roma imperial con el legado medieval.

A las 12, ya con nostalgia, estábamos en el hotel. Recogimos nuestras cosas y volvimos al aeropuerto. Se acababan así 48 horas de sueño cumplido que se me hicieron cortas. Volveré, y espero que pronto, para seguir empapándome de Roma.

¿Sugerencias para la próxima vez?

Qué ver en un fin de semana en Roma (día 2)

En el segundo día en Roma dedicamos la mañana a explorar el patrimonio arqueológico del Imperio Romano, la tarde a callejear por sus plazas barrocas y la noche a perdernos una vez más por el Trastévere, que nos robó el corazón.

Empezamos nuestra segunda jornada romana con un desayuno estupendo en el hotel y salimos a primera hora de la mañana hacia la zona del Coliseo, el Palatino, el Foro Romano… para saciar mi sed de historia antigua (¿os he dicho alguna vez que el Imperio Romano es mi periodo histórico favorito?).

El Coliseo

Ver el Coliseo de Roma en persona era un sueño que hacía años que quería ver cumplido. Y quería vivirlo y sentirlo con la máxima tranquilidad posible… Por eso decidimos estar allí antes de que abrieran puertas.

Coliseo de Roma, Italia

Coliseo de Roma, Italia

Entramos cuando no había casi nadie y aunque muchos me habían dicho que me decepcionaría… no fue así. Me encantó. Es increíble que una estructura tan grande, compleja y preciosa haya sobrevivido más de 2.000 años. Me gustó especialmente la exposición que había por los pasillos entre las vomitoria sobre la Domus Aurea de Nerón y la construcción y funcionamiento del Coliseo de RomaPasear por sus pasillos, pensar cuántos millones de personas habían pasado por allí, la cantidad de espectáculos que habrían visto…

Interior del Coliseo de Roma

Interior del Coliseo de Roma

Eso sí, me quedé con las ganas de ver las plantas inferiores, las entrañas del Coliseo. Me contaron que sólo se pueden visitar contratando una visita guiada… así que ya lo sé para la próxima vez ;)

El Palatino

Con la entrada conjunta del Coliseo y el Foro Romano se puede acceder al PalatinoPor su peso histórico y su significado simbólico para los romanos, era otra visita imprescindible.

“Hipódromo” de Domiciano en el Palatino de Roma

Estuvimos unas dos horas recorriendo el lugar y maravillándonos con los prodigios que nos han legado los romanos. El Monte Palatino es la colina más céntrica de las siete sobre las que se construyó Roma y es una de las partes más antiguas de la ciudad. Según la leyenda, aquí está el Lupercal, la cueva donde la loba capitolina amamantó a los gemelos Rómulo y Remo. A 40 metros sobre el Foro Romano, tiene las mejores vistas desde las alturas.

Vista del Foro Romano desde el Palatino, Roma

Vista del Foro Romano desde el Palatino, Roma

Durante la República Romana se convirtió en la residencia de los patricios y gobernantes de la ciudad, que construyeron allí palacios y jardines de los que hoy en día sólo nos podemos hacer una vaga idea. Aún así, es sobrecogedor pasear entre tanta historia. El lugar está perfectamente acondicionado y las plantas y las flores hacen de la visita una experiencia única.

IMPRESCINDIBLES: La Domus Flavia, la Casa de Livia, la Casa de Augusto y sus frescos de colores, los Jardines Farnesianos, el Hipódromo de Domiciano o el Museo Palatino.

El Foro Romano

El Foro Romano merece una entrada aparte. Es tan inmenso y está tan lleno de restos históricos que me quedaré corta. Hay que visitarlo con calma y sin prisas… y así nos lo tomamos. Fuimos paso a paso, pisando la misma calzada que pisó en su día Julio César, entramos en la casa de las Vestales, admiramos las columnas supervivientes de tantos templos… Nos empapamos del lugar y casi conseguimos ignorar la presencia de las hordas de turistas.

 

Foro Romano, Roma

Foro Romano, Roma

Detalle de un capitel de mármol tallado en el Foro Romano

Detalle de un capitel de mármol tallado en el Foro Romano

Circo Máximo

Cuando salimos del Foro Romano apretaba el hambre. En la zona del Coliseo no hay muchos restaurantes, la verdad… y los que hay tienen precios algo prohibitivos. Así que hicimos algo tan romano como comprarnos un panini y un refresco en un puesto callejero y nos lo comimos sentadas en lo que antiguamente era el Circo Máximo. Se conserva muy poco, únicamente siguen en pie la parte central o spina (alrededor de la cual corrian los carros de caballos), la pista (ahora cubierta de hierba) y poco más… Pero nos pareció el lugar perfecto para descansar y reflexionar sobre el legado de Roma.

Circo Máximo, Roma

Circo Máximo, Roma

Nos apetecía ir a ver la famosa Bocca della Verità, situada en un lateral de la cercana iglesia de Santa María in Cosmedin. Pero al llegar allí había tal cola de gente que únicamente quería posar metiendo la mano en la boca que nos fuimos. Justo enfrente hay dos de los templos mejor conservados de la ciudad, mucho más tranquilos y que nos parecieron bastante más interesantes que no hacer el borrego. El templete circular dedicado a Hércules Victor es el edificio de mármol más antiguo de Roma (año 15 dC) y a su lado está el templo de la Fortuna Viril.

Templo de Hércules Victorioso, Roma

Templo de Hércules Víctor, Roma

Andamos luego junto al río Tíber y tomamos el tranvía hasta el centro para descubrir las plazas más famosas de Roma.

Campo de’ Fiori

El Campo de’ Fiori es el escenario a diario de un mercado popular lleno de delicias muy frecuentado por los romanos. Creado en 1456 sobre un prado florido por órden del papa Calixto III, lo rodean muchos edificios señoriales y establecimientos comerciales. La estatua de Giordano Bruno, quemado vivo en este lugar, domina el lugar y nos recuerda que lo que hoy es uno de los lugares de reunión y diversión de los romanos antes fue el lugar de las ejecuciones públicas.

Mercado en el Campo de' Fiori, Roma

Mercado en el Campo de’ Fiori, Roma

Por algunas de las calles más bonitas y típicas de la Roma más auténtica dimos con otro lugar imprescindible.

Piazza Navona

La Piazza Navona es uno de esos lugares sin los que la Roma Barroca no se entendería. La plaza sigue el trazado del Stadium de Domiciano y está rodeada por muchos edificios notables. La preciosa iglesia de Santa Inés en Agona, el Palacio de la familia Pamphili y otros no hacen sombra a las fuentes de Bernini, que ocupan su centro.

Fuente de los Cuatro Ríos en la Piazza Navona de Roma

Fuente de los Cuatro Ríos en la Piazza Navona de Roma

La magia del agua y la piedra se unen para configurar uno de los rincones más bonitos de Roma.

El Panteón

Otro sueño hecho realidad, el Panteón de Agripa, tan perfecto, tan bien conservado fue uno de los hitos del día, a pesar de que estaba llenísimo. El edificio ha sobrevivido más de 19 siglos gracias a que se transformó en iglesia y de que nunca ha dejado de tener un uso público.

Panteón de Agripa, Roma

Panteón de Agripa, Roma

Su cúpula es una de las mayores obras de ingenieria de la antigüedad y hay que verla en todo su esplendor para hacerse una idea del dominio de la técnica que tenían los Romanos. No podía ni pestañear de la emoción… mientras el resto de la gente iba de un lado a otro haciendo ruido y tomando fotos, sin pararse a disfrutar de los detalles.

Interior del Panteón de Roma

Interior del Panteón de Roma

De camino a la Fontana di Trevi, pasamos por la Columna de Marco Aurelio, que recuerda las victorias del emperador romano contra los Germanos y los Sármatas en el Danubio.

Columna de Marco Aurelio, Roma

Columna de Marco Aurelio, Roma

Fontana di Trevi

Muy cerca, en una plaza increíblemente pequeña y abarrotada de gente, está la famosa Fontana di Trevi. Mundialmente famosa por la escena del baño de Anita Eckberg en La Dolce Vitacada año miles de turistas van allí a lanzar una moneda para volver algún día. Nosotras cumplimos con la tradición después de admirar un buen rato la fuente barroca más importante de Roma, que tenía un lateral cubierto por andamios por obras…

Fontana di Trevi

Fontana di Trevi

Seguimos nuestro deambular romano hasta llegar a otro de los lugares más fotografiados de Roma.

Plaza de España

La plaza de España de Roma fue algo decepcionante. Quizás había tanta gente que era imposible subir sus famosas escaleras, quizás porque antes nos habían clavado 12 euros por un helado y estábamos indignadas… o quizás porque nos habíamos saturado, no nos pareció gran cosa :(

Plaza de España en Roma

Masificación turística en la Plaza de España de Roma

Así que descansamos un poco y optamos por callejear por algunas de las principales zonas comerciales de la ciudad, hasta que llegamos al Mausoleo de Augusto. Me hacía especial ilusión visitar el lugar pero estaba completamente vallado, cerrado y era imposible acceder tanto al edificio como al parque que lo rodea. Parece ser que hay planes para restaurarlo, pero de momento no se ha hecho nada al respecto. Y después de esta decepción, otra.

Mausoleo de Augusto en Roma

Mausoleo de Augusto en Roma

Quería ver el Ara Pacis, el Altar de la Paz que el Senado Romano dedicó a Augusto después de sus victoriosas campañas en Hispania y en la Galia. Encerrado en un controvertido museo de cristal del arquitecto estadounidense Richard Meier estaba cerrado…

Así que nos fuimos con la música a otra parte hacia otra de las plazas más conocidas de Roma, la Plaza del Popolo. Con su obelisco central y las iglesias gemelas en uno de sus extremos, al atardecer lucía preciosa.

Piazza del Popolo, Roma

Piazza del Popolo, Roma

Por la noche volvimos al mágico Trastevere para cenar y, antes de ir a dormir, paseamos junto al río Tíber donde se estaban celebrando conciertos y había muchísima actividad.

Río Tíber por la noche, Roma

Río Tíber por la noche, Roma

De vuelta al hotel nos equivocamos de autobús y vivimos una pequeña odisea para volver a la ciudad… Pero al final todo salió bien y pudimos recuperar fuerzas para descubrir El Vaticano el domingo por la mañana.