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Qué ver en 6 horas en París

Intentar ver todo lo que hay que ver de París en 6 horas es imposible, así que si por algún motivo sólo podéis visitar la “Ciudad de la Luz” tendréis que escoger. A mediados de mayo tuve que hacer una breve escala en la capital francesa. Tenía una boda en la campiña de Normandía por la tarde pero mi transporte no salía hasta las 4 de la tarde… y mi vuelo llegó a París a las 9 de la mañana. Así que decidí volver a algunos de mis lugares favoritos para saborearlos con calma y sin prisas.

Rincón bonito de Montmartre

Rincón bonito de Montmartre

Lo primero que hice fue plantarme en Montmartre, dejar la maleta en casa de un amigo y echar a andar hasta “La butte” (como los parisinos conocen a la colina que alberga a uno de sus barrios más fotogénicos). La rodeé, me familiaricé con un entorno ya conocido, hice una pequeña parada en el Halle Saint Pierre, un antiguo mercado de hierro art decó que ahora alberga un museo de Arte Contemporáneo. Y eché a andar hacia la plaza inferior en la que todavía hoy sigue el tiovivo que salía en Amélie. Aunque sólo sea por las magníficas vistas que se obtienen de París desde lo alto de la escalinata, justo enfrente del Sagrado Corazón, ya vale la pena subir.

Halle Saint Pierre, Montmartre, Paris

Halle Saint Pierre, Montmartre, Paris

Iglesia del Sacré Coeur, Montmartre, París

Iglesia del Sacré Coeur, Montmartre, París

Vistas de París desde Montmartre

Vistas de París desde Montmartre

Una vez arriba el principal obstáculo es la marea humano-turística que lo envuelve todo… Pero pese a todo, aún es posible alejarse de las multitudes en Montmartre. Sólo os tenéis que salir de las principales zonas turísticas, callejar sin rumbo y es posible llegar hasta la tranquilidad de los viñedos que quedan en el barrio, descubrir el mítico cabaret Au Lapin Agile (el más antiguo de París y frecuentado en su época de esplendor por grandes como Maurice UtrilloModigliani o Picasso), disfrutar del encanto de las zonas que habitan los parisiens y toparte de bruces con otro icono tan importante para el Impresionismo como el Moulin de la Galette cuyo frenesí inmortalizaron grandes como Renoir, Toulouse-Lautrec, Picasso o Van Gogh.

Viñedos en París, Montmartre

Viñedos en París, Montmartre

Cabaret Au Lapin Agile

Cabaret Au Lapin Agile, el más antiguo de París

Calles de Montmartre

Calles de Montmartre

Le Moulin de la Galette en Montmartre, París

Le Moulin de la Galette en Montmartre, París

Montmartre tiene un aire chic, despreocupado y campestre. A veces es como si no estuvieras en París… Me encantan sus viñedos, sus molinos, sus casitas bajas pintadas de colores y sus terracitas. Después de tanto “aire bucólico” me acerqué al Cementerio de Montmartre, uno de los más bonitos que hay en la ciudad. Se construyó a principios del siglo XIX para sustituir al Cementerio de los Inocentes, que se cerró porque estaba en el centro de la ciudad y representaba problemas sanitarios. Entre los miles de tumbas que lo pueblan están las de algunos inquilinos famosos como el pintor Degas, el escritor Alexandre Dumas o Émile Zola (aunque su cuerpo fue trasladado al Panteón, su mausoleo sigue en el cementerio). Es un lugar de paz y recogimiento… y si sois algo mitómanos, podéis jugar a encontrar la tumba de alguna celebridad. A pocos pasos, de camino al metro, está el famoso Moulin Rouge, que me parece un monumento a lo kitsch y lo hortera. Es curioso, cuanto menos, que dos lugares tan diferentes estén tan cerca…

Cementerio de Montmartre en París

Cementerio de Montmartre en París

Moulin Rouge, París

Moulin Rouge, París

En total, esta ruta os puede llevar entre 3 y 4 horas. Como me sobraba tiempo, me subí al metro y me planté en el barrio de Saint Michel. Es una zona radicalmente diferente de Montmartre, más bulliciosa, con más tráfico, más urbana y marcada por su proximidad con la Universidad de la Sorbonne. Sus callejuelas empedradas y estrechas evocan las protestas de mayo del 68… Una buena idea es visitar el Museo Nacional de la Edad Media o Musée de Cluny. El lugar alberga restos de unas termas galo-romanas y una colección de arte medieval espectacular. Pero si no tenéis tiempo, nada mejor que volver andando tranquilamente de vuelta al río Sena, hacer una pequeña parada en la librería Shakespeare and Co, uno de mis rincones favoritos en todo París. Siempre que vuelvo, me acerco y dedico un buen rato a husmear entre sus libros de viejo, sus estanterías llenas hasta los topes y su encanto vintage… aunque en los últimos años cada vez está más llena de gente y se hace difícil curiosear, sigo fiel a mi cita literaria parisina.

Muy cerca, pegados al río, están los imprescindibles Bouquinistes, los libreros de viejo más auténticos de París. En sus paraditas podéis encontrar todo tipo de libros antiguos y de ocasión, mapas antiguos, postales o pósters. ¡Son la perdición! A su lado está la magnífica catedral de Notre Dame, una joya del gótico frente a la cual han colocado una especie de gradas/asientos en las que los turistas se sientan pero que impiden obtener una visión general del templo :(

Musée de Cluny

Musée de Cluny

Librería Shakespeare and Company en París

Librería Shakespeare and Company en París

Bouquinistes de París

Bouquinistes junto al Sena

Catedral de Notre Dame

Catedral de Notre Dame

Parada de metro Art Déco en París

Parada de metro Art Déco en París

Y vosotros… Si sólo tuvierais 6 horas para disfrutar de París, ¿qué es lo que no os perderíais por nada del mundo?

Descubriendo volcanes en La Garrotxa

Uno de mis lugares preferidos en Catalunya es la zona volcánica de la Garrotxa. Desde pequeña ha sido el destino de varias escapadas con la escuela, la familia o amigos y nunca deja de sorprenderme cómo podemos tener tan cerca de casa el mejor ejemplo de paisaje volcánico de la Península Ibérica y uno de los más importantes de Europa. Así que aprovechando mi estancia en la casa rural más encantadora del país, volví a encontrarme con dos viejos conocidos: el volcán Croscat y el volcán de Santa Margarida.

Colores y matices en la zona volcánica de la Garrotxa

Colores y matices en la zona volcánica de la Garrotxa

EL PARQUE NATURAL DE LA ZONA VOLCÁNICA DE LA GARROTXA

Con una extensión total de 12.007 hectáreas, casi 40 conos volcánicos en buen estado de conservación, y más de 20 coladas de lava basáltica, el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa es el más grande de la Península. Justo al lado de la pequeña ciudad de Olot, a 45 minutos de Girona y a menos de 2 horas de Barcelona nos encontramos con paisajes de gran belleza donde el verde infinito se funde con el negro y los tonos cobrizos de la lava y el basalto que hace millones de años moldearon la zona. La Garroxa es un lugar tranquilo, rural y con un profundo respeto por la naturaleza y las tradiciones. Ideal para desconectar del día a día y disfrutar del momento con calma.

Vistas de la zona volcánica de la Garrotxa

Vistas de la zona volcánica de la Garrotxa

Decidí dedicar todo un día para explorarla bien y saborear una de las muchas rutas senderistas que se pueden hacer en la zona. Empezamos subiendo hasta Batet de la Serra, cruzando algunas carreteras rurales y viendo los volcanes desde las alturas… Para luego bajar hasta el Volcán Croscat y terminar el día en el de Santa Margarida.

En Batet vale la pena parar el coche para visitar el Santuario de la Santísima Trinidad, un templo románico del siglo X desde cuyo campanario se domina el paisaje y es fácil distinguir varios conos volcánicos. A las afueras de este pequeño núcleo rural hay el Oratorio de la Sagrada Familia y la iglesia románica de Santa María. Si tenéis tiempo, no os los perdáis.

Santuario de la Santísima Trinidad en Batet de la Serra

Santuario de la Santísima Trinidad en Batet de la Serra

Sendero en la zona volcánica de la Garrotxa

Sendero en la zona volcánica de la Garrotxa

VOLCÁN CROSCAT

Uno de mis favoritos (si no el preferido) el Croscat es uno de los más espectaculares de la Garrotxa. Es el volcán más joven de la zona y el último en entrar en erupción de la Península Ibérica. Tuvo dos erupciones: la primera hace 17.000 años y la segunda hace 11.500, que dieron lugar a un cráter en forma de herradura de unos 160 m de altura.

Grederas del volcán Croscat

Grederas del volcán Croscat

Paisajes lunares en el volcán Croscat

Paisajes lunares en el volcán Croscat

El lugar estuvo dedicado durante 25 años a la explotación de las gredas, hasta que la Generalitat consiguió parar las extracciones y dotar a la zona de la protección que merece.  El enorme tajo que hay detrás del volcán es el testimonio de esa época y también uno de sus mayores atractivos. Allí las capas originales de lava negra se mezclan con otras de colores rojizos y anaranjados, fruto de la oxidación natural, que le dan al lugar un encanto inimitable.

Mirando a través de la lava en el volcán Croscat

Mirando a través de la lava

El volcán Croscat

El volcán Croscat

El sendero para llegar hasta allí está muy bien señalizado. Podéis dejar el coche en el parking del volcán de Santa Margarida y andar unos 30 minutos por una ruta fácil y para todos los públicos.

VOLCÁN DE SANTA MARGARIDA

Resulta difícil imaginar que lo que ahora parece una colina más, esconde en su interior un cráter con una ermita románica. El volcán de Santa Margarida es uno de los más importantes y populares de la zona volcánica de la Garrotxa. Con sus 682 metros de altitud, su boca tiene un perímetro de 2.000 metros. El sendero que asciende hasta la parte superior del cono volcánico es algo empinado pero no tiene pérdida.

Subiendo al volcán de Santa Margarida

Subiendo al volcán de Santa Margarida

Ermita en el cráter del volcán de Santa Margarida

Ermita en el cráter del volcán de Santa Margarida

Una vez arriba las vistas compensan el esfuerzo. Y hay 2 opciones: recorrer bajo los árboles el sendero que da la vuelta al volcán y que nos permite comprobar lo grande que es o bajar hasta el cráter para relajarnos en la hierba frente a la ermita de Santa Margarida. Cualquiera de las dos es buena y, si tenéis tiempo, vale la pena el esfuerzo extra.

Senderismo en el volcán de Santa Margarida

Senderismo en el volcán de Santa Margarida

Ermita de Santa Margarida

Ermita de Santa Margarida

Andar bajo los árboles, pisando las hojas secas, oliendo la retama amarilla que lo inunda todo para luego descubrir una pequeña ermita no tiene precio… Ya estoy deseando volver  ;)

CÓMO LLEGAR A LA ZONA VOLCÁNICA DE LA GARROTXA

  • En coche: desde Girona (C-63 hasta Olot) o Barcelona (C-17 hasta Vic + C-37 hasta Olot), no tiene pérdida.
  • En bus: la empresa Teisa opera varios buses desde ciudades como Barcelona, Girona, Vic… Podéis consultar horarios en su página web
  • En avión: el aeropuerto más cercano es el de Girona.
  • En tren: al lado de la estación de tren de Girona salen autobuses hasta Olot.

Un fin de semana con encanto en Mas Can Batlle de la Garrotxa

A tan sólo 10 minutos de Santa Pau, en pleno corazón de la zona volcánica de la Garrotxa, está el Mas Can Batlle, la casa rural con más encanto en la que me he alojado y que es como un soplo de aire fresco tanto si quieres huir del estrés diario y relajarte en un entorno natural como si lo que necesitas es un fin de semana romántico.

Cartel de entrada al Mas Can Batlle

Cartel de entrada al Mas Can Batlle

El Mas Can Batlle, con sus suites rurales, es el proyecto de Albert y Cristina. Llegaron a esta imponente casa solariega de más de mil años de historia en 2004 y desde entonces han trabajado duro y con ilusión por devolver la gloria a una finca que había estado abandonada muchos años. A base de esfuerzo y dedicación, en 2011 consiguieron poner en marcha una casa rural preciosa en la que se han cuidado todos los detalles con sumo mimo. Cristina y Albert han respetado la estructura de la construcción y, a la vez, han creado un remanso de paz que fusiona la tradición del diseño handmade con todas las comodidades de la modernidad. Y todo esto en medio del bosque y con vistas a las colinas suaves de la Garrotxa.

Naturaleza en Mas Can Batlle

Naturaleza en Mas Can Batlle

Detalles del Mas Can Batlle

Detalles del Mas Can Batlle

La masía dispone en la actualidad de cinco suites espaciosas, exclusivas y decoradas con mucho gusto en las que destaca su encanto rústico. Todas son diferentes y están decoradas de una forma única, con muebles antiguos restaurados y dando un nuevo uso a cada una de las dependencias de este edificio milenario. Se han aprovechado muchos elementos originales como un horno de la cocina reconvertido en chimenea o las enormes bañeras antiguas. O el cabezal de la cama de la suite 70, en la que me alojé, hecho con maderas encontradas en la casa de más de 300 años.

Suite 70 del Mas Can Batlle

Suite 70 del Mas Can Batlle

Vistas desde la terraza del Mas Can Batlle

Vistas desde la terraza del Mas Can Batlle

Todas las habitaciones del Mas Can Batlle tienen acceso a una terraza privada que domina el paisaje, luz natural y amplios ventanales que hacen que te sientas como en casa.  Hay muchos espacios comunes y diáfanos como un antiguo oratorio que se ha conservado tal y como Albert y Cristina lo encontraron. O la vieja cocina con horno de leña que parece un pequeño museo de la vida a finales del siglo XIX.

En la planta baja, acaban de remodelar los arcos centrales para convertirlos en una sala de lectura muy diáfana con vistas a la piscina y a las montañas. Así, relajarse y desconectar es facilísimo.

Espacio de relax en Mas Can Batlle

Espacio de relax

El Mas Can Batlle visto desde la piscina

Vistas de la masía desde la piscina

El lugar es ideal para dejar pasar el tiempo y hacer excursiones. Dentro de la finca hay una cascada espectacular que ha salido en varias películas y series (a sólo 300 metros de la casa, en medio del bosque). Desde allí sale el antiguo camino medieval que comunicaba la masía con el pueblo de Santa Pau. El recorrido es precioso y se adentra en el bosque, bajo el manto verde de los árboles y sobre los cantos rodados…

Cascada del Mas Can Batlle

Cascada del Mas Can Batlle

Antiguo camino a Santa Pau

Camino antiguo a Santa Pau

Y si por todo esto fuera poco, en el amplio comedor y cocina del Mas Can Batlle sirven unos desayunos riquísimos con productos locales. El zumo de naranja es espectacular, y las mermeladas caseras toda una tentación… Por no hablar de los quesos y embutidos…

Bajo petición, también sirven cenas en las que dan un giro a la gastronomía tradicional de la Garrotxa y que harían las delicias de los más sibaritas. Un consejo: después del postre, probad la ratafía, un licor típico y muy digestivo.

Desayuno en Mas Can Batlle

Desayuno a base de productos locales de la Garrotxa

Cena en mas can batlle, trinxat de la cerdanya

Primer plato de la cena: Trinxat

Butifarra con fesols de Santa Pau en Mas can Batlle, la garrotxa

Butifarra con fesols (alubias) de Santa Pau

Ratafía en Mas Can Batlle, la garrotxa

Una copita de ratafía para digerir mejor la cena

El Mas Can Batlle es perfecto para disfrutar tanto del entorno y la tranquilidad de la casa como para explorar la zona volcánica de la Garrotxa. Os dejará tan buen sabor de boca que querréis volver ;)

INFORMACIÓN PRÁCTICA

¿CÓMO LLEGAR AL MAS CAN BATLLE?

  • En coche: Crta. Gi-524, km 12,7 (17811) Santa Pau (Girona)
  • Datos GPS: 42.155299 , 2.607461

El castillo de Tona y la plana de Vic

Si visitáis el Montseny desde la zona de Osona un buen broche final para el día es subir a la colina que hay en el pueblo de Tona y que domina toda la plana de Vic. Paisaje visto siempre desde el coche cuando vas desde Barcelona a Vic por la C-17, el promontorio con la torre medieval y la iglesia románica en la cima hacía tiempo que me llamaba la atención. A finales de enero pude saldar esa cuenta pendiente y disfrutar de algunas de las mejores vistas de la comarca y de un entorno increíblemente verde y lleno de historia.

Vistas del Montseny desde el castillo de Tona

Vistas del Montseny desde el castillo de Tona

El cerro, que termina en un precipicio sobre el municipio, nos permite disfrutar de un paisaje privilegiado, con el macizo del Montseny al final. El lugar es un remanso de paz, con el césped, los árboles, los edificios que han sobrevivido a casi mil años de Historia…

Lo primero que encontramos cuando se llega a la cima son los restos de una especie de cisterna a mano izquierda, ahora cubierta por las hierbas. Al final, la iglesia de Sant Andreu nos espera. Documentada desde el año 889, cuando fue consagrada junto con el castillo, en la primera mitad del siglo XI fue sustituida por que vemos hoy en día, de arquitectura lombarda. Sufrió algunas reformas posteriores, que le añadieron capillas laterales, el campanario o la portada renacentista… el conjunto es de una gran belleza y está muy bien conservado, aunque no siempre está abierta para visitar su interior.

Església de Sant Andreu del Castell de Tona

De camino a la Iglesia de Sant Andreu del castillo de Tona

Iglesia de Sant Andreu del castillo de Tona

Iglesia de Sant Andreu del castillo de Tona

Sin ninguna duda, subir la colina compensa. A su izquierda, en uno de los extremos del terreno queda el único testimonio del castillo de Tona: su torre de defensa. Algo castigada por el paso del tiempo, se asienta directamente sobre la roca y tiene una altura media exterior de 7,5 metros. Puede ser que sus orígenes se remonten al Imperio Romano, ya que la vía romana de Ausa (Vic) a Barcino (Barcelona) pasaba por aquí…

Sea cual sea su origen, la primera noticia que tenemos del castillo se remonta al año 889, cuando se consagró su iglesia. Pasó por las manos de varias familias nobles de la alta Edad Media (los condes de Barcelona, el conde de Besalú y, finalmente, la casa de Moncada) hasta que cayó en desuso a finales del siglo XV, después de la Guerra Remença.

Torre del Castillo de Tona

Torre del Castillo de Tona

Torre del Castillo de Tona

Torre del Castillo de Tona

Visitar el lugar al atardecer, cuando el cielo se tiñe de tonos rojizos le añade magia a la experiencia.

Si os quedáis con ganas de más, bajando del castillo de Tona está el Camp de les Lloses, un yacimiento romano del siglo II aC en el que podemos ver los restos de una fundición republicana. En el pueblo destaca la iglesia de Santa María del Barri (de 1011) y los pocos residuos del turismo termal que convirtió a Tona en lugar de veraneo de la burguesía barcelonesa en el último tercio del siglo XIX, entre los que destaca el Balneari Codina, que no tuve tiempo de probar.

¿CÓMO LLEGAR AL CASTILLO DE TONA?

  • En tren, hasta Seva con Renfe y luego bus a Tona
  • En coche, desde Barcelona por la carretera C-17. Os adentráis en el pueblo y seguís las indicaciones. No tiene pérdida! Llegaréis a un parking de tierra donde se puede dejar el coche. Luego hay que subir andando unos 10 minutos hasta la cima.

El Brull, íberos en el Montseny

El mismo domingo de enero que hicimos la cata de cerveza artesana en el Montseny aprovechamos para explorar una parte del parque natural que no conocía. Había oído hablar muy bien del pueblo de El Brull y cuando me enteré de que a sus afueras estaba uno de los poblados ausetanos más importantes de Cataluña no pude reprimirme.

Queríamos aprovechar el día y decidimos acercarnos primero al poblado íbero del Turó de Montgròs. Era una mañana soleada de enero y las primeras nieves habían teñido de blanco algunas zonas de El Montseny. Acceder es bastante fácil, sólo hay que seguir la carretera que sale de El Brull en dirección al pueblo de Montseny. Hay señales indicando la ruta hasta que, llegados a un punto, a mano derecha hay una pequeña pista que desciende. Parece que el coche no pasa por allí… pero sí! Un poco más adelante aparcamos y nos sumergimos en el entorno natural, siguiendo el camino hasta el yacimiento. Hay que andar un rato hasta llegar, pero el camino no tiene complicación y permite disfrutar del paisaje.

Bosque en El Montseny

Bosque en la zona de El Brull, en el parque natural de El Montseny

La Costa del Montseny

La Costa del Montseny

Nieve en el Montseny

Nieve en el Montseny

Arbusto en el Montseny

Arbusto en el Montseny

Lamentablemente, el yacimiento sólo está abierto los domingos hasta las 14h y, cuando llegamos, ya no se podía acceder a esta importante fortificación que controlaba la zona de coll Formic y el acceso desde la costa a la plana interior. Los orígenes del fortín íbero del Turó del Montgròs se remontan a la edad del bronce, aunque no fue hasta el año 300 aC cuando se levantó la imponente muralla que lo rodea y que se ve perfectamente desde el exterior, con sus 145 metros de longitud y 5 de grueso. Un poco más tarde se reforzó la fortificación con una torre central y otras defensas periféricas.

Junto con el yacimiento de l’Esquerda de Roda de Ter y el Casol de Puigcastellet en Folgueroles, es uno de los tres poblados ausetanos mejor conservados de la Cataluña central. Todas las teorías apuntan a que fue la sede de una guarnición militar permanente y lugar de refugio de la población local en caso de peligro. El lugar fue incendiado y destruido hacia el 205 aC, en plena Segunda Guerra Púnica. Después de siglos de abandono, hay evidencias de que se volvió a habitar o a utilizar de alguna manera del siglo X al XIV.

Nos quedamos con las ganas de explorarlo con calma, así que la próxima vez nos informaremos mejor de los horarios ;)

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

Fortaleza íbera del Turó de Montgròs

La zona, sin embargo, tiene suficientes atractivos como para encontrar alternativas. Así que volvimos a El Brull. Con apenas 200 habitantes y sin un núcleo definido, en su centro se alza la iglesia de Sant Martí del Brull, que es una maravilla del siglo XI reformada durante el Barroco. Vale la pena entrar y disfrutar del silencio. A su alrededor, junto a la antigua rectoría, unos gatos gordísimos retozaban al sol…

Mientras, al otro lado de la carretera se alza el único resto del castillo del Brull. Del siglo X y con una planta pentagonal, hoy en día sólo se conserva una cara de un muro y restos de una torre. Las vistas desde el promontorio son muy interesantes y justo al lado hay un famoso restaurante que no os deberíais perder si queréis recuperar fuerzas.

Iglesia de Sant Martí del Brull

Iglesia de Sant Martí del Brull

Restos de la torre del castillo de El Brull

Restos de la torre del castillo de El Brull

En las cercanías hay otros lugares interesantes, además de varias rutas senderistas, como la iglesia románica de Sant Jaume de Viladrover o la de Sant Cristófol de la Castanya. Ideal para pasar un día descubriendo la naturaleza y la historia del Montseny.