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Ruta de dos días por las Highlands: Glencoe, Fort William y el Lago Ness

Si viajas a Escocia hay una cosa que tienes que hacer sí o sí: ir de excursión a las Highlands. Aunque tengas sólo un día, intenta escaparte del bullicio de la ciudad para descubrir la autenticidad de las Tierras Altas, sus paisajes inhóspitos y dramáticos, las montañas con mil matices de colores y los lagos que parecen espejos.

Da igual si no os da tiempo de acercaros a la isla de Skye o tenéis un presupuesto ajustado. Siempre hay opciones para perderse (aunque sólo sea un fin de semana) en las Highlands de Escocia. Aquí va mi propuesta para una ruta en coche de dos días por las Tierras Altas: de Edimburgo a Fort William e Inverness pasando por Glencoe, el castillo de Kilchurn, el lago Ness y el castillo Urquhart. La hice en enero de este año con un grupo de amigos y fue una buena manera de “catar” un poquito de algunos de los paisajes más bonitos de este país.

DÍA 1

Empezamos el día recogiendo temprano el coche de alquiler (si conducís y soys unos cuantos es una opción bastante económica) en Edimburgo y nos pusimos en ruta. Autopista en dirección a Stirling y desde allí hacia Callander, la puerta de las Highlands. En ruta hacia Fort William, hicimos varias paradas técnicas. La primera, el precioso Loch Lubnaig. Este lago pequeño y estrecho es un espejo en el que se refleja el increíble paisaje que lo rodea.

Loch Lubnaig en Escocia

Loch Lubnaig en Escocia

Seguimos conduciendo por carreteras poco transitadas y, pese a la amenaza de lluvia, el tiempo aguantaba. Por eso antes de maravillarnos con Glencoe decidimos tomar un pequeño desvío y escaparnos al castillo de Kilchurn, situado en un lugar estratégico y precioso junto al Loch Awe en Glenorchy. Pues bien, estaba cerrado, no conseguimos encontrar el camino de acceso (a pesar de que dimos mil vueltas) y tuvimos que conformarnos con verlo desde el (también cerrado) hotel que hay a orillas del lago. Suficiente para saber que en primavera/verano tenemos que volver a por más.

Vista del castillo de Kilchurn en Loch Awe, Escocia

Vista del castillo de Kilchurn en Loch Awe, Escocia

Así que, un poco tristes por el fracaso de la incursión, pusimos rumbo a Glencoe. Conducir por carreteras remotas entre algunos de los paisajes más increíbles del mundo es toda una experiencia. Montañas, colinas, valles, cascadas… Es difícil resistir la tentación y no parar junto a la carretera todo el rato para hacer fotos. Glen Etive, los majestuosos picos de las Three Sisters… El lugar es tan fotogénico que creo que podría vivir aquí en una tienda de campaña y no cansarme (si no fuera por la lluvia, por supuesto). Glencoe está a medio camino y es un buen lugar para parar a comer. Como que no hacía muy buen día optamos por tomar algo en la cafetería del Centro de Visitantes de Glencoe. Tienen sopas, sandwiches y otros platos calientes. Organizan excursiones de exploración de la zona y cuando estuvimos había una exposición sobre las localizaciones del rodaje de “Skyfall” de James Bond en la zona.

Dos de las Three Sisters en Glencoe

Dos de las Three Sisters en Glencoe

Una cascada en Glencoe

Una cascada en Glencoe

Paisajes preciosos de Glencoe

Paisajes preciosos de Glencoe

Al caer la tarde (en invierno anochece pronto en Escocia) paramos en Fort William. En esta ciudad tranquila y poco atractiva pasamos la noche. Nos alojamos en el bed and breakfast Torlundy House. Situado en una zona que se llama “Happy Valley”, el nombre le viene al pelo: habitaciones cómodas y “full scottish breakfast”, no se puede pedir más. Su dueño, Michael, se encargó de que los cinco nos sintiéramos como en casa y nos recomendó un lugar genial para cenar en Fort William: The Grog and Gruel. Un consejito, no pidáis la salsa picante… ¡Os abrasaréis!

DÍA 2

Con las fuerzas recuperadas después de comer y descansar tan bien, el domingo por la mañana tocaba volver a la carretera para seguir explorando las bellezas de Escocia. La primera parada la hicimos en el Commando Memorial en Spean Bridge, de camino al Lago Ness. Este impresionante monumento a los oficiales y miembros de los comandos que murieron en la II Guerra Mundial ofrece unas vistas increíbles del Ben Nevis y Aonach Mòr. Los hombres que conformaban a los comandos entrenaban en la zona y hoy es un lugar para rendirles homenaje y recordarles. El día que fuimos, con el cielo plomizo y nieve sobre las cumbres, el entorno acompañaba a la reflexión.

Commando Memorial en Spean Bridge

Commando Memorial en Spean Bridge

Luego seguimos en dirección al lago Ness. Mi lugar favorito para ver el lago es desde uno de sus extremos, en el pueblo de Fort Augustus. Este rincón de Escocia tranquilo y menos explotado que Drumnadrochit permite ir en búsqueda de Nessie con calma. El Caledonian Canal lo cruza y cuando está en calma los barcos y las montañas se reflejan en sus aguas. En el otro extremo del pueblo está el Loch Ness, con su embarcadero, sus aguas oscuras y sus corrientes, rodeado de montañas y árboles. Disfrutadlo con calma… creo que a Nessie no le gusta mucho el ruido, así que si os sentáis y esperáis quizás salga a saludar. Andamos mucho, de un lado a otro, dejándonos llevar por el entorno… respirad y disfrutad del lugar. Viajar no es ir tachando lugares de una lista, es empaparte de ellos.

Siguiendo por la carretera que transcurre paralela al lago Ness fuimos a parar al castillo de Urquhart. Con una localización extraordinaria, esta fortaleza del siglo XII está en ruinas y aún así es majestuosa. La entrada cuesta 7.90 libras, pero si os sacáis el Explorer Pass podréis ahorrar bastante si tenéis previsto entrar en más de un castillo o monumento. Mis compañeros de viaje no habían estado, así que aprovechamos para entrar… Pero de eso ya os daré más detalles otro día ;) Valga decir, que vale la pena, aunque sólo sea para revivir la historia del lugar.

Castillo de Urquhart junto al Lago Ness

Castillo de Urquhart junto al Lago Ness

Castillo de Inverness

Castillo de Inverness

Después de la vista, y como broche final, pasamos la tarde en la ciudad de Inverness, paseando por sus calles. Aunque el domingo la mayoría de los sitios están cerrados, pudimos comer algo y callejear por su pequeño casco antiguo, hasta el castillo y junto al río Ness. Al caer la noche, volvimos a la carretera y 3 horas más tarde ya estábamos de vuelta en Edimburgo.

Esta es la ruta completa, por si os interesa repetirla ;)

HighlandTripMap

Algo tan sencillo como un viaje por carretera con cuatro personas que hasta hace nada eran completos extraños se convirtió en una aventura difícil de olvidar. Mis compañeros de trabajo, de piso, mis amigos… Gracias por un gran fin de semana. ¿Repetimos?

Naturaleza e historia en Dollar Glen y Castle Campbell en las Ochills de Escocia

Uno de mis objetivos en la escapada del pasado diciembre a Escocia era volver a uno de mis lugares preferidos: el Dollar Glen y el Castle Campbell. Es un pequeño tesoro conocido prácticamente sólo por los lugareños, situado en una garganta en un paraje precioso de las Ochill Hills, la puerta a las Highlands. A primera hora nos pusimos en marcha en nuestro bólido desde Stirling y en media hora estábamos en el pueblo de Dollar, listos para explorar.

Mi bólido, un Volkswagen Up de alquiler

Mi bólido, un Volkswagen Up de alquiler

El día acompañaba. Un sol reluciente, el cielo azul y el aire fresco y frío de una mañana de finales de noviembre en Escocia. Con la naturaleza en su máximo esplendor, hay que andar un poco hasta llegar a uno de los castillos con las mejores vistas de toda Escocia. Cruzamos un pequeño arroyo parcialmente helado, pisamos campos de hierba verde y rojiza. Y, finalmente, allí estaba… el “castillo de la melancolía” (“Castle Gloom”): el castillo del clan Campbell. Imposible no enamorarse a primera vista :)

Primera aproximación al castillo del clan Campbell, en Dollar

Primera aproximación al castillo del clan Campbell, en Dollar

CASTLE CAMPBELL

Construido a principios del siglo XV para el clan Stuart, pasó en 1465 a manos de Colin Campbell, primer Duque de Argyll y jefe del clan Campbell. El castillo, hoy una ruina muy bien conservada, es imponente. Sorprende y maravilla a la vez… y aún más si te lo encuentras como lo encontramos nosotros, alzándose a través de la bruma de la mañana, bajo un cielo ideal. Lo rodean dos arroyos con nombres tan sugerentes como burn of care (“arroyo del cuidado”) y burn of sorrow (“arroyo de la pena”). El lugar no podría ser más dramático y evocador.

Castle Campbell

Castle Campbell

Campbell, un poderoso jefe de clan de las Highlands necesitaba una sede en las Lowlands que fuera segura y a la vez impresionante, y que estuviera lo suficientemente cerca del la corte. El lugar encajaba como un guante y los Campbells se quedaron en el lugar unos 200 años. Dos siglos en los que se alojaron en el lugar personajes tan importantes como el pastor protestante John Knox (en 1556) y la reina Mary Queen of Scots (en 1563). En el siglo XVII, durante varios conflictos, el lugar fue incendiado un par de veces y, poco tiempo después, en 1661, la ejecución del 8º Conde de Argyll acabó con sus días como residencia noble.

El castillo Campbell en Dollar es uno de los castillos-torre mejor conservados de Escocia. Domina todo el valle y es espectacular. Aunque esta vez estaba cerrado (en invierno cierran los jueves y los viernes), de visitas anteriores recuerdo su bodega, el salón de la primera planta, el techo de piedra trabajada de la última planta y el murciélago que nos asustó a mi amiga y a mi cuando entramos en una de las habitaciones! Las vistas sobre la zona de Stirling son de las mejores.

El castillo del clan Campbell sobre las Ochils

El castillo del clan Campbell sobre las Ochils

DOLLAR GLEN

Como que no pudimos entrar en el castillo y hacía un día perfecto (aunque frío) decidimos aprovechar para recorrer algunos de los senderos que discurren por el Dollar Glen. Perfectamente acondicionado y señalizado, el sendero va desde el pueblo hasta el castillo y más allá, cruzando bosques y arroyos, bordeando colinas y con vistas a cascadas y gargantas de un verde infinito todo el año. El paisaje es de cuento de hadas. El recorrido total es de 8 quilómetros y vale muchísimo la pena en cualquier época del año.

Empieza en el pueblo y se adentra por la garganta, bajo los árboles, paralelo al río… Asciende hasta el castillo y después de pasar por una zona de tonos ocres, retoma el curso de otro arroyo y se adentra en el bosque una vez más… para luego volver al punto de partida, justo enfrente del castillo.

Arroyo de Dollar

Arroyo que va de Dollar hasta el castillo

Ruta senderista por el Dollar Glen

Dejamos el castillo atrás y empezamos la ruta senderista por el Dollar Glen

Ochill Hills en el Dollar Glen

Ochill Hills en el Dollar Glen

Sendero en el Dollar Glen

Sendero por el Dollar Glen

Cascada en el valle de Dollar

Cascada del burn of sorrow

Arroyo de la pena - Burn of Sorrow

Arroyo de la pena – Burn of Sorrow

Ovejas en la cima de las colina

Ovejas en la cima de las colina

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Horarios: 

  • 1 de abril – 30 de septiembre: todos los días de 9.30h a 17.30h
  • 1 de octubre – 31 de octubre: todos los días de 9.30h a 16.30h
  • 1 de noviembre – 31 de marzo: de sábado a miércoles, de 9.30h a 16.30h
  • Cerrado el 25 y 26 de diciembre

Precio:

  • Adulto: £5.00
  • Niño: £3.00
  • Entrada reducida (jubilados y estudiantes): £4.00

Página web oficial del Castle Campbell

¿CÓMO LLEGAR AL DOLLAR GLEN?

En coche: es la mejor opción, sin ninguna duda. El código postal es FK14 7PP y el castillo está a 1.5km al norte de la carretera A91, al este de Stirling. Es muy fácil llegar y está muy bien señalizado.

En transporte público: desde la estación de tren de Stirling, tomar en Murray Place el bus Stagecoach número 23 (dirección Saint Andrews) hasta Dollar Bridge Street. Son 30 minutos, y luego hay que andar 30 minutos por el sendero marcado hasta el Castle Campbell.

¿Dónde he estado en 2012?

En pocas horas se acaba este año. El funesto 2012 en el que el mundo tenía que acabarse llega a su fin y aunque no soy muy dada a mirar atrás, me ha parecido apropiado hacer memoria y recordar los lugares en los que he estado, lo que he visto y lo que he vivido.

No ha sido un año de grandes viajes, pero sí de muchas escapadas, de rutas senderistas y de una vuelta a las raíces. Y me hace muy feliz acordarme de todos los buenos momentos vividos en la carretera, en aviones, en la montaña o en el extranjero. Así que allá vamos.

Enero

Huesca

Empecé el año con una escapada a la comarca de la Litera, en Huesca. Fue una oferta de última hora y todo un descubrimiento. Un fin de semana descubriendo el castillo de Monzón, catando quesos y vinos y explorando los preciosos pueblos de Fonz y Azanuy fue la manera perfecta de empezar el año viajero. La combinación perfecta de relax, historia, gastronomía y naturaleza. ¿Qué más se puede pedir?

Castillo de Monzón

Castillo de Monzón

Carcassonne

Una semana después de volver de Huesca, me fui con mis amigas defin de semana de chicas a Carcassonne. Además de explorar la ciudad (pasando mucho frío) y su impresionante ciudadela medieval, catamos en un chateau unos de los vinos más ricos que he probadoy descubrimos los encantos de la preciosa Lagrasse.

Ciudadela de Carcassonne

Ciudadela de Carcassonne

Abril: Núria y Queralbs

En plena Semana Santa fui con unos amigos a un apartamento en Queralbs, en los Pirineos catalanes. Además de hacer varias rutas a pie que tengo pendiente contaros, disfrutamos del Valle de Núria completamente nevado y con el lago helado… Quería volver al pueblo a pie, pero hacía tanto frío que tuve que desistir. Así que ya tengo excusa para volver :)

Valle de Núria nevado

Valle de Núria nevado

Mayo: Berlín

Gracias a un concurso gané un vuelo a donde quisiera… y acabé pasando un fin de semana fabuloso (aunque algo frío para ser mayo) en Berlín. Dos días para explorar el pasado de la capital alemana y para descubrir su cara más alternativa.  Eso sí, me di cuenta de que Berlín tiene tanto por ver y por ofrecer que sólo dos días no son suficientes. Tocará volver, y pronto.

Control de pasaportes en el muro de Berlín

Control de pasaportes en el muro de Berlín

Junio: Ibiza

Por motivos profesionales, a principios del verano tuve que ir varias veces a Ibiza. Aunque normalmente no tenía tiempo para hacer turismo, me dio tiempo a callejear por las calles empedradas y medievales de Dalt Vila y a soñar en la zona de las Salinas… Suficiente como para darme cuenta de que la Ibiza fiestera no es lo mío, pero sus playas y pueblos sí.

Callejuelas en Dalt Vila, Ibiza

Callejuelas en Dalt Vila, Ibiza

Julio: Viena

Después de varios años visitando Viena en Navidad para disfrutar de sus mercados de Navidad, este año fui por primera vez en verano. Aunque esperaba buen tiempo y poder bañarme en el Danubio, coincidí con una ola de frío. En lugar de frustrarme, aproveché para descubrir la Viena que sale en la película “Antes del Amanecer”, una de mis preferidas, para pasear por Naschmarkt, tomar muchos cafés y disfrutar de la ciudad como si viviera allí. El reto de bañarme sigue en pie… y no soy de las que se dan por vencidas, así que volveré.

Noria del Prater, Viena

Noria del Prater, Viena

Agosto

Cadiz

Por temas presupuestarios y sentimentales, este verano volví a la tierra de mi madre y de mis vacaciones cuando era pequeña. Además de visitar a la familia, que vive en la bahía de Algeciras, mi hermana y yo aprovechamos para visitar los pueblos blancos, redescubrir la tacita de plata, tapear en Tarifa, decepcionarnos con Tánger y bañarnos en algunas de las mejores playas que tiene el país (y el mundo). Fue una gran experiencia y no descarto repetirla más a menudo, porque me dejé muchos pueblos y playas en el tintero.

Playa en Barbate

Playa en Barbate

Roma

El último fin de semana de agosto (y primero de septiembre) pude cumplir uno de mis sueños: visitar Roma. Me acompañó Isabella, mi amiga de Viena y aunque sólo estuvimos 48 horas tuvimos tiempo de ver lo esencial y quedarnos con ganas de volver. Después de pisar el Coliseo y empaparnos de historia y arte el primer día, el segundo lo dedicamos al Vaticano. Fue el viaje del timo del helado y de la comida deliciosa

Río Tíber, Roma

Río Tíber, Roma

Huesca: Loarre, el Reino de los Mallos y San Juan de la Peña

A la semana de volver a Roma, aproveché una oferta de hotel en Loarre para ver su castillo, que hacía años que me llamaba la atención. Y, ya de paso, exploré la zona. El “Reino de los Mallos” es precioso, el turquesa del río Gállego una maravilla y el románico de San Juan de la Peña uno de los más espectaculares que he visto. La zona de la Hoya de Huesca tiene muchísimo por ver y el turismo rural es ideal para eso.

Castillo de Loarre, Huesca

Castillo de Loarre, Huesca

Octubre: Blogtrip a Albacete

Aunque tengo amigos en Albacete, nunca antes había estado. La oportunidad llegó de la mano de mi primer blogtrip, la #ABexperience. Con una compañía inmejorable, pudimos descubrir lo mucho que tiene por ofrecer una de las provincias menos explotadas turísticamente de España. Albacete vale la pena, y no sólo por sus ricas tapas o por el Museo de la Cuchillería, sino por una naturaleza privilegiada y escenarios de película a los que quiero volver para disfrutarlos con más calma.

#ABExperience en Ayna, la Suiza Manchega

#ABExperience en Ayna, la Suiza Manchega

Noviembre: Escocia

Aprovechando que una de mis mejores amigas organizaba un Ceilidh por su cumpleaños, me tomé 4 días para volver a mi lugar preferido en el mundo. Días de reencuentros con mis ex compañeras de piso, de mercados de Navidad, de excursiones, de rutas por valles poco conocidos, de visitar nuevos castillos y de fotografiar puentes y templos góticos, de probar nuevas comidas… Pero, sobre todo, días muy felices en los que mis amigas me recordaron que da igual que no nos veamos cada día porque sabemos que nos tenemos. En 2013 volveré, como cada año ;)

Castillo Campbell, Escocia

Castillo Campbell, Escocia

Diciembre: Viena

Dos veces en un año… pero no podía faltar a mi cita navideña con Viena. Esta vez nos centramos en curiosear los mercados de Navidad que hay en cada rincón con más calma, en saborear los cafés con más calma, recrearnos con las obras de Klimt… y en explorar por primera vez Viena bajo el manto de nieve que cubría todas las calles. Creo que no he pasado más frío en la vida, pero fue precioso!

Palacio del Belvedere bajo la nieve

Palacio del Belvedere bajo la nieve

Además, 2012 ha sido un año de muchas rutas de senderismo (una al mes, como mínimo), de descubrir rincones que tenía al lado de casa y que apenas conocía… He visitado varias zonas de Osona (el Santuario de Cabrera, el poblado íbero de Roda de Ter, el santuario de Sant Feliu, el Mercado Medieval de Vic…), seguido los pasos de Gaudí en la colonia Güell, probado los mejores bocadillos de Barcelona en Sagàs, descubierto el patrimonio natural y cultural de la Serralada Litoral, probado las nuevas camas de los hoteles Ibis y mucho más. Y quizás ese sea el mayor descubrimiento: aprender a disfrutar de aquellos lugares que están cerca y que no deberíamos pasar por alto. Porque para viajar no hace falta cruzar el planeta, sino disfrutar de cada nueva experiencia.

Santuari de Cabrera, Osona

Santuari de Cabrera, Osona

¿Qué le pido al 2013?

Pues además de salud para todos, estabilidad laboral para poder seguir cumpliendo sueños viajeros… Puestos a desear:

  • Aprender a manejar un trineo tirado por huskys (el lugar me da igual)
  • Una escapada a Bélgica o Amsterdam con mis amigas
  • Volver a Praga a ver a uno de mis mejores amigos.
  • Brasil o Argentina en verano
  • Volver a Londres
  • Visitar de una vez por todas a mis amigas que viven en varios lugares de Alemania (Freiburg, Frankfurt, Munich)
  • Ir a ver a mis amigos del País Vasco, Cantabria y Asturias (sería ideal una ruta en coche)
  • Australia y Nueva Zelanda, please… Si no este año, ¡de 2014 no pasa!
  • Volar a Copenhague con Isabella, mi amiga de Viena
  • Relajarme varios días en Formentera
  • Descubrir el sureste asiático y, en concreto, Camboya y Vietnam.
  • y mucho más… aunque todo se andará, porque me da que tendré que improvisar mucho ;)

Y vosotros, ¿qué le pedís al año que viene?

El castillo de Dunnottar, el más bonito de Escocia

La última etapa de nuestro viaje a Escocia la pasamos en la zona de Dundee. Y no precisamente porque hubiera algo que nos llamara la atención de la zona (creedme, Dundee ni es bonito ni interesante, a no ser que os guste la decadencia de una ciudad gris, con edificios de hormigón y sin personalidad y las broncas en cada esquina). La ciudad no tiene la mejor reputación del mundo pero allí vive una de mis mejores amigas, y me moría de ganas de pasar unos cuantos días con ella. Además, la campiña y la costa de la zona bien valen una visita!

Llegamos a Dundee en tren desde Edimburgo. Hay muchos durante el día (también buses, pero son bastante más lentos… y más baratos) y los paisajes que se ven desde la ventana le dan a una ganas de pararse en cada estación. Nos recogieron en la estación y a la mañana siguiente nos fuimos de excursión al Castillo de Dunnottara 15 minutos de la bonita localidad costera de Stonehaven.

Castillo de Dunnottar, Escocia

Castillo de Dunnottar

Me habían hablado muy bien del sitio y la imagen idealizada que yo tenía después de ver hace mil años la película Hamlet de Franco Zeffirelli (con Mel Gibson en el papel del príncipe danés) se corresponde mucho con la realidad.

El Castillo de Dunnottar se eleva en lo alto de un precipicio rocoso en un cabo de la costa nordeste de Escocia. Es un castillo medieval, hoy en ruinas, muy bien conservado. Los once edificios que lo componen se construyeron entre el siglo XII y el XVII y por su posición estratégica y lo difícil de su acceso, ha jugado un papel estratégico en la historia del país hasta la actualidad.

La llegada es espectacular, a través de un estrecho camino y unas escaleras que primero descienden y luego suben hasta la estrecha entrada. Una vez arriba, el mar a ambos lados, el verde de los acantilados, el romper de las olas contra las rocas… todo lo hace una visita imprescindible.

Interior del castillo de Dunnottar

Interior del castillo de Dunnottar

En su interior hay una fortaleza, varias torres, una capilla del siglo XVII, y varios edificios de servicios y vivienda para los diferentes nobles que han vivido en el castillo. Aunque mayormente está en ruinas, el recinto está muy bien señalizado y en un día soleado el césped es muy tentador :)

En dos de los sitios donde la historia de Dunnottar se puede palpar con más fuerza es en la reconstruida “Drawing Room”, en la que podemos comprobar cómo debió ser el día a día en el castillo: una gran sala con una chimenea decorada, una larga mesa de madera con sillas a juego y un techo de vigas decoradas en la que una se podía imaginar mirando la furia del oleaje a través de la ventana.

Y, en segundo lugar, en la Whigs Vault, una mazmorra espeluznante, un largo túnel con una única salida: la ventana que da al acantilado. Durante una rebelión en 1685 fueron recluidos aquí 122 hombres y 45 mujeres que no reconocían la supremacía del Rey en cuestiones religiosas. El espacio es grande, pero no tanto como para alojar a esa multitud…

Mazmorra del castillo de Dunnottar

Mazmorra del castillo de Dunnottar

Después de recrearnos un buen rato con la visita (exploramos todos sus rincones y nos encaramamos a todas las rocas habidas y por haber, imaginando que viajábamos en el tiempo), exploramos las dos playas que rodean el castillo. Una a cada lado, el acceso es bastante fácil y es imposible perderse. Sólo hay que seguir los senderos hacia un lado o el otro para mojar los pies en el agua helada y recrearse con los mil matices de verde, gris y azul del paisaje.

Playa junto al Castillo de Dunnottar

Playa junto al Castillo de Dunnottar

Curiosidades históricas del Castillo de Dunnottar

  • La referencia más antigua a Dunnottar data de 681, cuando se menciona un sitio a la fortaleza de Dun Fother (su nombre en gaélico)
  • El primer rey de Escocia, Domnall II, murió en el castillo en el año 900
  • Se dice que William Wallace llevó a los escoceses a la victoria sobre los ingleses en Dunnotar en 1296. Los soldados derrotados fueron encerrados y quemados vivos en la iglesia del castillo.
  • La Reina Mary Queen of Scots visitó Dunnottar en 1562 y 1564. Y su hijo James VI vivió aquí durante un tiempo en 1580.
  • Durante las rebeliones jacobitas del siglo XVII el castillo sufrió muchos daños y fue abandonado hasta que la familia Cowdray lo compró en 1925. Esta familia lo restauró y lo abrió al público.

Cómo llegar al Castillo de Dunnottar

Al castillo de Dunnotar se puede llegar directamente en coche, aunque el parking escasea. O podemos dejar el coche en Stonehaven y tomar el sendero que va de la bahía hasta Dunnottar por encima de los acantilados. Se tarda sólo 15 minutos y es un paseo muy agradable. Las vistas son espectaculares y ver el castillo crecer y tomar cuerpo a medida que te acercas es muy recomendable, sobre todo si hace buen tiempo.

Horarios

  • Del 1 de abril al 31 de octubre: de las 9 a las 18h
  • Del 1 de noviembre al 31 de marzo: de las 10 a las 17h
Estos horarios varían en función del tiempo.
Precios: de 2 a 5 libras
En el siguiente post: ¡cómo vimos caer las 4 torres más altas de Dundee y nuestra visita a Saint Andrews!

Qué ver y hacer en dos días en Edimburgo (día 2)

Después de explorar a fondo la Royal Mile de Edimburgo (y sus calles adyacentes) en nuestro primer día en la ciudad, el segundo lo dedicamos a la zona nueva o New Town y a explorar alguna área o monumento que el jueves no tuvimos tiempo de ver.

Nos levantamos pronto y desayunamos en el estupendo café de estilo parisino (nos apetecía algo diferente, para variar después de tantos días de Scottish Breakfast) Café Jaques, justo enfrente del Art Roch Hostel. Acto seguido, nos pusimos en marcha en dirección a Calton Hill. El barrio se proyectó en el siglo XVIII para solucionar los problemas de superpoblación e insalubridad del Edimburgo medieval, por entonces todavía confinado a la colina del Old Town, detrás de las murallas.

Edificios medievales vistos desde Princes Gardens, Edimburgo

Edificios medievales vistos desde Princes Gardens, Edimburgo

NEW TOWN

La Ciudad Nueva transcurre en paralelo a la Royal Mile, de la que está separada, entre otros, por los Princes Gardens, es una sucesión de calles (la principal es Princes Street, llena de tiendas) y plazas de arquitectura georgiana y neoclásica (los más completos y auténticos de todo el mundo, según me contaron). En esta zona están los grandes almacenes, las tiendas de los mejores diseñadores y muchísimos bares, restaurantes y hoteles. Además de la maravillosa Scottish National Gallery. Si tenéis tiempo, vale la pena (además, excepto las exposiciones temporales, es gratis)… Pero como no era el caso, a Calton Hill que nos fuimos.

De camino, a mano derecha, está el cementerio de Calton Hill donde están enterrados grandes de la talla de David Hume. Las vistas son espectaculares y los monumentos funerarios (si os van, a mi sí) son una maravilla. Algunas lápidas son tan antiguas que llevan siglos hundiéndose en el césped…

Calton Hill Cemetery / Cementerio de Calton Hill

Cementerio de Calton Hill – tumba de David Hume

Dejando de lado la nota macabra del día, subir a Calton Hill es muy fácil y apto para todo el mundo (incluso los que no están en forma). Las vistas desde esta impresionante acrópolis escocesa valen la pena, y su césped es ideal para un picnic al aire libre si hace bueno. La cima de la colina está dominada por los grandilocuentes monumentos (la mayoría del siglo XIX) que hicieron a Edimburgo merecedora del nombre de “La Atenas del Norte”.

Vistas desde Calton Hill, Edimburgo

Vistas de Edimburgo desde Calton Hill

Monumentos de Calton Hill

  • Burns Monument: construido en 1830, este templete de estilo griego se construyó para rendir homenaje al bardo por excelencia de Escocia, Robert Burns (o Rabbie Burns, cómo le llaman sus compatriotas).
  • National Monument: es una especie de Partenón a medias que tenía por objetivo honorar a los muertos escoceses en las Guerras Napoleónicas. El proyecto, increíblemente ambicioso, se empezó en 1822 pero se quedó sin fondos cuando tan sólo se habían completado las 12 columnas que se pueden ver hoy en día.
  • Nelson Monument: el monumento al almirante Lord Nelson (por su victoria en Trafalgar en 1805 contra los franceses) ofrece unas vistas aún más espectaculares desde su cima… pero realmente tampoco vale tanto la pena pagar por subir. Aún así, desde fuera es un must. 
  • City Observatory: el que se construyó en 1818 como Observatorio de la ciudad está inspirado en el templo ateniense dedicado a los vientos. Aunque perdió su utilidad bastante pronto (por lo que se ve, el humo de la estación de Waverley obligó a trasladar los instrumentos de observación al sur de Edimburgo, a Blackford Hills) vale la pena echarle un vistazo.

Aún así… que no nos engañen, la gente va a Calton Hill a disfrutar de unas vistas de 360 grados de Edimburgo. Vistas del Castillo, del Firth of Forth (el estuario donde el río se une con el mar, en el barrio de moda de Leith), la Ciudad Nueva, toda la calle de Princes Street y, cómo no, las mejores vistas de Arthur’s Seat y el Palacio de Holyrood, como éstas.

Arthur's Seat visto desde Calton Hill

Arthur’s Seat visto desde Calton Hill

De vuelta a Old Town, recorrimos Princes Street y nos maravillamos con la arquitectura georgiana de George Street, Charlotte Square y St. Andrew Square. Y nos volvimos a adentrar en el laberinto medieval que tanto me gusta.

El monumento a Walter Scott desde un callejón de Edimburgo

El monumento a Walter Scott desde un callejón de Edimburgo

Subiendo por Cockburn Street, de vuelta a la Royal Mile en dirección al castillo, giramos a la izquierda por George IV Bridge y empezamos a andar por la acera de la derecha…. En el número 21 está The Elephant House, famoso por su café y por ser el bar dónde J.K. Rowling escribió el primer libro de Harry Potter, en la época en que estaba en paro y no tenía dinero ni para pagar la calefacción… El sitio es una especie de meca de los fans de la saga, pero realmente está muy bien como bar. También lo frecuenta el escritor de novela policiaca Ian Rankin.

National Museum of Scotland

National Museum of Scotland

Una vez repuestas las fuerzas, fuimos hasta el National Museum of Scotland, que justo acababa de reinaugurarse después de una reforma de varios años. Es gratis (sí!) y en su interior, que combina la modernidad con el clasicismo victoriano, hay una gran colección de piezas celtas, pictas y romanas (atención a la armadura de un caballo romano, espectacular), piezas medievales e incluso la oveja Dolly disecada. Realmente, vale mucho le pena echar un vistazo. Y, si hace bueno, desde la terraza en el piso superior hay unas vistas inolvidables!

Continuamos por George IV Brigde hasta Greyfriars Kirk y su cementerio. La iglesia se inauguró en 1620 y es bastante pequeña. La mayoría de la gente va porque en su cementerio (que se cierra por la noche) están enterrados varios ilustres de la ciudad (el poeta Allan Ramsay o el arquitecto William Adam). Aún así, el inquilino más famoso es el Greyfriars Bobby, el terrier de Skye que, de 1858 a 1872 montó guardia en la tumba de su difunto amo, John Gray, un oficial de la policía de Edimburgo. Su pequeña tumba está justo al lado de la entrada del cementerio, marcada por una lápida de granito rosa. El perro era tan popular que a su muerte le erigieron una estatua frente al pub que lleva su nombre, en la esquina entre George IV Bridge y Candlemaker Row.

Acabamos nuestra visita con una sesión de shopping por dos de mis calles favoritas: Victoria Street y Cockburn Street, así como la zona de Grassmarket.  En breve, mis bares, pubs y restaurantes preferidos, y otras opciones para hacer en Edimburgo si tenéis más de dos días.